jueves, 11 de agosto de 2016

De Sangre y tripas – cine gore.


Los orígenes del cine gore podrían rastrearse en el campo de la literatura con precedentes como la repulsiva Las 120 jornadas de Sodoma, del Divino Marqués y, más directamente, en el teatro grand guignol. Partiendo de diversas fuentes, como el naturalismo de Zola y el Théatre Libre de André Antoine, Oscar Mèténier fundó el 13 de abril de 1897 el Teatro Grand Guignol en la calle Chapetal de París. El teatro había sido un antiguo convento del siglo XVIII, con ángeles en el techo y diseños pseudogóticos en las puertas de roble, lo que serviría de excelente ambiente para lo que allí se desarrollaría. Mèténier llegaba a montar hasta ocho obras cortas en una sola noche, pasando de la comedia al horror y al drama realista, todo con la intención de "sacudir los corazones" de los espectadores.


Estados Unidos es donde tiene lugar el nacimiento oficial del llamado cine gore. Herschell Gordon Lewis, director de cortos pornográficos, realiza en 1963 Blood Feast, largometraje producido por David Friedman, con quien ya había trabajado en los cortos. 


Para ello se monta una trama muy exigua (dos chicos que veneran a una diosa egipcia sacrifican muchachas extrayéndoles las vísceras), y con nueve días de rodaje y 70.000 dólares se consigue la revolución del cine de terror: "en ella se dan cita todos los elementos del cine de Lewis: actores no profesionales, chicas, muchos chicos y bastante desvestidos (herencia de su período anterior), una fotografía deplorable, música inaudible, medios insuficientes, diálogos increíbles, y chorros de sangre y tripas cada dos imágenes". "¿Por qué levantó entonces tanto entusiasmo en su época? Aquellas imágenes despedían una energía incomparable, respondiendo así al ansia del público, deseante [sic] de exorcizar los instintos reprimidos hasta entonces."


El siguiente fenómeno del cine gore tiene más repercusión artística. Se trata de, por supuesto, La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1969), de George A. Romero. Rodada en blanco y negro por límites presupuestarios (lo cual le otorga un impresionante tono documentalista) en Pittsburgh a lo largo de nueve meses, con sólo dos actores profesionales y los demás amateurs, es la clásica muestra de cine independiente americano, realizada con convicción y energía, y que aún hoy día logra impresionar, no por su explicitud visceral, sino por su conseguida atmósfera malsana y atosigante.


El siguiente fenómeno gore es otra producción independiente americana. La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972) comete el craso error de confundir presupuestos menores con chapuza superlativa, o tal vez sea que Wes Craven no da mucho más de sí (su posterior carrera así lo confirma, casi sin excepciones). Se ha querido ver en esta basura una relación nada menos que con El Manantial de la Doncella (Jungfrukallan, 1959), pero lo único que tiene que ver con la obra maestra de Bergman es una leve base argumental: unos degenerados abusan de unas muchachas y el padre de una de ellas procederá a vengarse.


La próxima cult movie de Craven, Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977), es igual de mala, y ahora nos glosa a una familia que posee singulares apetencias culina-rias. El origen esta vez, clarísimo, es la excepcional La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974). Sin embargo, por fortuna, Tobe Hooper era un director capacitado, y logró una excelente película, basada, ante todo, en la atmósfera y la sugestión. Si se observan con detalle las imágenes se comprobará que prácticamente no hay un elemento gore: el talento de Hooper es tal que hace creer haber visto lo más horroroso sin verlo.


En ese año también es una cinta controvertida y mítica: Snuff, titulada originalmente The Slaughter. El cine snuff es algo así como un paso más allá del gore, dícese que consiste en filmaciones auténticas de escenas de tortura y mutilación. Sea como fuere, todas las películas que han circulado con fama de ello (ésta, las italianadas de caníbales, o la saga oriental Guinea Pig) son flagrantes engaños al espectador (por fortuna). The Slaughter fue una película gore filmada en Argentina por el matrimonio Michael y Roberta Findlay (ambos codirigían, él producía y escribía, ella foto-grafiaba), sobre una especie de clan Manson. Los resultados fueron tan ínfimos que el filme quedó congelado hasta que el distribuidor Allan Shackleton decidió añadir cuatro minutos donde se descuartizaba sistemáticamente a una mujer, haciendo circular el rumor de que la escena era real, estrenándose la película en 1976 con el título de Snuff y logrando un prodigioso éxito. Michael Findley murió después decapitado por un helicóptero y Roberta acabó en el cine porno.


Sam Raimi es otro aficionado que realiza junto a algunos amigos una película en 16 mm. que se convertirá en culto, Posesión infernal (The Evil Dead, 1982). Sorprende cómo con tamaña precariedad de medios puede llegar a hacerse una película tan inventiva y sólida, y la posterior carrera (salvo algún preocupante patinazo) de Raimi demuestra que nos encontramos con un director hábil y a considerar.
http://platea.pntic.mec.es/~jdelucas/cine/iniciogore.htm


Gracias por leernos, un saludos a mis amigos Armando, Joel, Rulo, Mano, Rulo paint, que estuvimos anoche refrescando la platica que por cierto muy interesante, nos vemos pronto!